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En Experimentaclub te proponemos: Arte Oído

Músicas experimentales, arte sonoro y un poco de punk





Archive for the ‘Arte Oído’ Category

Aprender a improvisar

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Los que no tenemos ni idea de esto creemos que o aprendes o improvisas. Así que cuando te encuentras un taller en que te enseñan a improvisar te das cuenta de que hay algo que no te encaja.

Pero no es así, la improvisación es un género y, a pesar de ser libre, tiene sus reglas. Y en España cuenta con un maestro, que es Ferran Fages. Los comisarios de Arte Oído pensaron en él para impartir un taller de improvisación en el contexto del festival celebrado en CaixaForum.

Decidí colarme, junto a la fotógrafa Céline Gesret, en la última sesión del curso, casi sin pedir permiso. Abrimos la puerta del aula y nos encontramos en medio de un improvisado concierto, sesión práctica del taller, con nosotras como único público.

Los músicos estaban repartidos en las esquinas del aula, alejados lo máximo que les permitía el espacio unos de otros. En una de las paredes hay una proyección con algunas frases a modo de claves: “mismos músicos en diferentes lugares, ¿mismo resultado?”, dice la primera. Al leerlo, vuelvo a mirar a las cinco personas que ahora mismo están en el aula. Hay una en cada esquina y una más sentada en una de las líneas del cuadrado, escuchando con los ojos cerrados y envolviendo la cabeza con un chal.

Sigo leyendo. “Aspectos acústicos: cómo el espacio afecta al sonido, la amplificación. Aspectos políticos: el escenario, el público. Palabras clave: producto musical, tocar con/contra el espacio, ruido”. El cuadrilátero en el que trabajan estos músicos es un sitio inhóspito, pienso. Es la misma habitación donde tienen lugar las conferencias y los coloquios. Parece más un sitio donde escuchar que un lugar en el que emitir. Hay hierro y cristal. Hay sillas retiradas y apiladas. Hay un poco de madera.

Taller de improvisación libre

La mujer que se cubre con el chal y que aparentemente no participa de la música de manera activa cambia de postura y se gira dando ostentosamente la espalda a otra mujer que usa su voz amplificándola con un micrófono especial. Imagino sus cuerdas vocales retorcidas. No llamaría cantar a lo que hace. Más bien parece que toca con la voz como si fuera un instrumento de cuerda más. Sostiene un platillo en la mano y se lo acerca a la boca para que la su voz reverbere.

Taller de improvisación libre

Desde otra esquina, un hombre frota un vaso de cristal contra un rastrillo de metal. Algunos de los instrumentos, salvo la guitarra de Fages o componentes sueltos de una batería, fueron pensados para un uso diferente del musical. Pero aquí están. Les sirven. No solo son baratos, requieren también de una alteración de las reglas, de imaginación, ensayo, error.

Taller de improvisación libre

En la esquina más cercana a la mujer del platillo, un joven toca una guitarra de juguete, hecha de plástico, conectada a un pequeñísimo amplificador. Se llama Mateo Mena. Aunque viene de una formación clásica, admite que se considera abierto en cuanto a la introducción de una cierta libertad a los intérpretes en las partituras. Se le ocurrió inscribirse en el taller y viajar a Madrid para asistir ya que venía relacionándose últimamente con gente del mundo de la improvisación y quería adentrarse en ella. Pero nos confiesa, una vez terminado el festival, que no lo disfrutó demasiado: “Lo que nos brindó Ferran estuvo bien, la oportunidad de improvisar con una serie de personas desconocidas tuvo hasta cierto momento su gracia, pero no sé… No se abordó de la forma que imaginaba, me esperaba una manera más didáctica, con ejemplos de diversos planteamientos”, reflexiona críticamente. “Al final si los improvisadores no se preocupan por crear algo juntos llegamos a un anarquismo casi peor que la dictadura de la música tonal. Esto es lo que deberíamos haber intentado, a mi juicio”.

Taller de improvisación libre

Javier Galdona está dando también sus primeros pasos en el arte sonoro y admite que ha aprendido más de lo que esperaba en el taller. Disfrutó, nos relata, no solo con las prácticas de improvisación sino con las conversaciones con los compañeros y con el maestro Fages. “Desconocía el mundo de la improvisación sonora y siendo sincero, tenía dudas sobre si realmente me iba a interesar, si sacaría buen provecho del taller y de si me iba a encontrar cómodo o fuera de lugar. Por todo esto supuso un reto para mí apuntarme y la verdad es que he sentido mucha satisfacción al terminarlo. Me apunté por descubrir algo nuevo y ya en los primeros minutos del primer día, tras hablar un poco con los compañeros y con Ferran supe que había acertado y que sería una experiencia muy positiva, enriquecedora y de la que podía sacar buen provecho a la hora de aplicar en mi propia música lo aprendido durante el taller”.

Taller de improvisación libre

“Lo que más valoro dentro de lo aprendido -continúa Javier- y lo que mejor he recibido es el concepto de música y de improvisación sonora de Ferran Fages. Ha sabido transmitir muy bien sus ideas o al menos a mi sí me han llegado y creo haber entendido bien su propuesta y su forma de entender la improvisación sonora. Es un punto de vista muy personal y diferente que me gusta y con el que coincido en gran medida. Da mucha importancia a la escucha, al espacio, al momento, a la responsabilidad, a no seguir ningún tipo de patrón… entre otros, puntos que valoro. Y por supuesto y sobre todo, su forma de entender la improvisación y la música me abre nuevas puertas y nuevos horizontes para seguir mi propio camino“.

Tal como nos cuenta Javier el grupo era heterogéneo, por lo que lo natural es que a unos convenza y a otros no tanto. También le hemos preguntado a otra de las participantes, Marta Sainz, por su experiencia, que ha calificado de “muy interesante”. Marta conocía y admiraba la obra de Fages y quizá fuera eso lo que la abocara a inscribirse en esta pequeña aventura sónica. “Su experiencia y generosidad a la hora de impartir el taller han sido claves para un resultado altamente positivo”, valora.

Taller de improvisación libre

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julio 3rd, 2012 at 11:19 pm

North By Southwest

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Nicolas Jackson forma parte del equipo de Proyectos de Arte y Comunicaciones del British Council, uno de nuestros compañeros de viaje en Arte Oído. Además, tiene un programa en Radio Exterior de España dentro de su sintonía en inglés, titulado North By Southwest. Es un programa sobre la vida cultural en Madrid con temas tan bien escogidos como el cómic y las novelas gráficas, las actividades de La Fábrica o el seminario Pública sobre financiación de las artes en tiempos de crisis.

Desde las bambalinas del festival, Nicolas entrevistó a Vicki Bennett (People Like Us) y a Philip Jeck, además de a Álex Graneri de La Nota, responsable de la producción del festival. Os recomendamos la escucha del programa que realizó a partir de esas entrevistas y su vivencia del festival:

Philip Jeck. Foto: Miguel Fernández Flores (CC)

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mayo 28th, 2012 at 11:11 pm

Ovalidad disruptiva

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El último día de un festival, aunque sea de uno como este desperdigado a lo largo de una semana, lleva un acento a manera de boina melancólica entretejida con el cansancio. Pero el último día de Arte Oído nos ofrecía el artista más popular de toda la programación. Por llamarlo así, el plato fuerte.

A Markus Popp ya le conocíamos de cuando vino a tocar a Experimentaclub con su proyecto SO. Conversando con los asistentes, supimos que alguno había venido al concierto de Oval por el recuerdo que guardaba de su concierto en 2004 en el proyecto compartido con Eriko Toyoda.

Pero el domingo teníamos a Markus Popp en solitario, como Oval, compartiendo el escenario tan solo con la pantalla posterior, en un cromático concierto suave y rebosante de matices. Sobre la mesa, pocos elementos: su portátil, la plantilla y una pequeña consola desde la que disparar sonidos.

“Yo no diría que toco música sino que juego con la música y la música juega conmigo”, nos dice en la entrevista que podéis ver dándole al play justo encima de estas palabras. Precisamente “play” es la palabra que usa en inglés, aprovechándose del doble sentido de tocar y jugar. “Y al final de este proceso debería ser capaz de decir que usé mi imaginación” termina, un poco jugando al enigmático, Markus Popp.

Oval se creó en 1991 y originalmente fue un trío, aunque los alemanes que secundaban a Popp quedaran apartados del grupo unos años después. Desde entonces es un “proyecto de un solo hombre”, como dice en el vídeo.

Lo que en esta entrevista describe como “wild jazz” es la marca de la casa Oval: el ritmo quebrado y fragmentado, la disrupción. También podéis escuchar y ver un fragmento del concierto en nuestro vídeo.

Este post ha sido titulado “Ovalidad disruptiva” lo que es, obviamente, una reiteración. La repetición, en cualquier caso, también es una ovalidad.

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mayo 28th, 2012 at 12:23 pm

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Luz y taquígrafos

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Tres horas y media tardó Martin Brandlmayr en montar su despliegue de instrumentos de percusión y probar sonido. Aquí le vemos probando el vibráfono, a su mano derecha. Como suele suceder, venía sin instrucciones de montaje y los técnicos se dedicaron a resolver el puzzle hasta que no sobró ninguna pieza.

Relajado, tranquilo, confiado, el austriaco probó sonido. Todo iba bien. Es un hombre reflexivo que inspira confianza. Amable, abierto y jovial detrás del escenario. Sobre la escena se le ve muy serio, como si su cerebro fuera un gran computador que tuviera que manejar varios procesos a la vez y fuera siempre unos segundos por delante de lo que va venir. Después de la prueba le preguntamos por la experimentación.

Martin contestó, fuera de cámara, que no podía afirmar que su música fuera experimental si nos atenemos a la definición de este como la imposibilidad de predicción del sonido que viene después. Él, en cambio, sabe perfectamente lo que viene después. Silvia Jaunsolo estaba presente. Por la mañana había asistido a una conferencia de Martin en la Facultad de Bellas Artes de la Complutense. Ella le recordó que en la mañana él había confesado que a veces según cómo fricciones los instrumentos de percusión, pueden sorprenderte con algo inesperado. Él dijo “tienes razón”, luego podemos hablar de experimentación bajo esa premisa.

El concierto del batería de Radian entusiasmó al público. Cada ruido o vibración que se producía a su alrededor parecía formar parte de una sinfonía que se construía a sí misma. Todo parecía tener cierto sentido, aunque no fuera explicable. Un tambor alejado de su batería permanecía solo, aparentemente abandonado pero iluminado por una luz cenital. Hasta eso tenía su explicación al encender las luces y descubrir un cable que acababa en un micrófono que seguramente amplificaba la vibración de un instrumento golpeado únicamente por el sonido.

Un recorrido fotográfico por el día de ayer en Arte Oído con la cámara de Céline Gesret:

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mayo 26th, 2012 at 1:49 pm

Luz y volumen

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Las pruebas de sonido ayer fueron todo un reto, especialmente para los técnicos de CaixaForum. Un saludo desde aquí. Ayer sudaron. Mientras los miembros del grupo L’Eix se volvían locos intentando encontrar qué imperceptible error estaba creando un zumbido, uno de los técnicos comentaba “nosotros es que estamos más acostumbrados a sonorizar congresos aquí”. Y esto no solo era un concierto, sino un concierto muy raro. Pero lo hicieron genial.

Oriol Rosell durante la prueba de sonido de L'Eix

L'Eix en concierto

Unas lámparas de doble bombilla con las que tu padre iluminaría un garaje en los años setenta colgaban de unos pies al frente del escenario. Oriol Rosell, componente del trío, explicaba después que eran bombillas analógicas, las más simples, las que ya no se hacen ni se encuentran. Un resquicio de otro mundo instalado en un sistema muy de este. Su compañero Julià Carboneras programa un software que enlaza los volúmenes de las pistas de todo lo que se toca en el escenario con la intensidad de la luz de las bombillas. Si Ferran Fages punteaba su guitarra sutilmente, veíamos una cálida luz en las lámparas de los extremos. Si rasgaba con intensidad, el sistema nos cegaba. Y lo mismo ocurría con las preciosas texturas electrónicas que Oriol y Julià disparaban desde sus portátiles.

L'Eix en concierto

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mayo 26th, 2012 at 1:09 pm

Philip Jeck: “Comencé mi carrera pinchando pero los discos que quería usar no eran los de baile”

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El padre de Philip Jeck era polaco y arreglaba tejados. Cuando Jeck comenzó a interesarse por la música su padre le dijo muy bien, pero tú aprende a arreglar tejados. Ahora, cuando alguien de la familia tiene algún problema de albañilería, llaman a Philip.

Pero lo que verdaderamente ama es la música. Comenzó a pinchar en los dos últimos años de la década de los 70, arrebatado por los djs de la época en Nueva York. Años después se dio cuenta de que quería usar los tocadiscos de una manera diferente a la que le permitía el formato club. Pero desde aquel primer momento nunca se ha alejado de los platos.

Y ahora estamos en mayo del año 2012 y este hombre “clase obrera pero de una ciudad muy pija como Cambridge”, nos cuenta, coloca una mesa en el escenario de Arte Oído con dos tocadiscos antiguos, un teclado en el centro y muchos cables y pedales. Las tapas de los tocadiscos están levantadas y hay algo en ellos que les hace parecer vivos.

Philip le cuenta a Nicolas Jackson, que le entrevista un rato antes de su concierto para su programa en Radio Exterior de RNE, que no sabe qué discos va a usar esa noche, que nunca lo sabe. Será los que sienta que quiere poner. En eso, Jeck sigue siendo muy dj. Y lo que le salió fue acabar su concierto usando I Feel Love, de Gorgio Moroder para Donna Summer, probablemente uno de los momentos más comentados del festival. Philip se levantó, miró a los focos, movió la mano y dijo “good bye, Donna”.

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mayo 24th, 2012 at 3:55 pm

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David J Fonseca: “No sé si tiene nombre el tipo de música que hago y además me da igual”

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mayo 23rd, 2012 at 3:57 pm

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Conferencia y coloquio para debatir pasados, presentes y futuros de la música experimental

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Ayer fue jornada de reflexión. En el Aula 1 de CaixaForum Madrid, donde unas horas antes Ferran Fages se había encerrado con sus alumnos del taller para investigar sobre la improvisación sonora, abrimos las puertas para verbalizar esas ideas que sobrevuelan este festival.

Unos minutos pasadas las siete de la tarde José Manuel Costa, periodista (dirigió la primera sección de Culturas del diario Público y tiene un programa en Radio Nacional del que ya os hemos hablado, Vía Límite), musicólogo y programador, imaginamos que entre otras muchas cosas del activismo sónico. Su conferencia se titulaba “Pasado y presente de la música experimental”, nada menos. Algo que, como contó que alguien le dijo, daba para cien horas lectivas y que, en cambio, debía resumir en una hora.

Como tal cosa era imposible, Costa nos habló de nomenclaturas para situar el marco de esto que nos ha traido hasta aquí. Qué es y qué no es experimental. Porqué lo llamamos de una manera o de otra. La conclusión de Costa es muy curiosa y lo explica también en el siguiente vídeo: ¿que el director de un centro de arte quiere hacer una programación de experimentación musical pero no le encaja si lo llamamos música? Pues no se preocupen, lo llamamos arte sonoro y listos. ¿Que en Alemania llaman música electrónica a algo que no está hecho con instrumentos electrónicos? ¡No pasa nada si con ese reclamo se llaga a un público mayor!

Dijo el divulgador que a él le gusta acudir, lo primero de todo, a la RAE:

3. adj. Que tiende a la búsqueda de nuevas formas estéticas y de técnicas expresivas renovadoras. Música experimental. Apl. a pers., u. t. c. s.

Esa es la definición de “experimental” que nos ofrece el Diccionario de la Academia, que consta de la curiosidad de aportar “música experimental” como ejemplo de uso. El problema es que, así lo definió él, ese ejemplo es un teaser sin película. El DRAE nos dice que tal cosa como la “Música experimental” existe, pero no nos la define.

Para José Manuel, así como para otros presentes en la sala, como Juan Antonio Lleó, es claro que lo experimental no es un género sino “una actitud”. Y, en contra de muchos, no puede ser un movimiento pasado ni presente puesto que es expansivo en el tiempo y en el espacio. No puede ser un género porque es transversal. No puede ser un estilo porque comprende muchos estilos.

Tras dejar claro que es imposible acotar las definiciones, el ponente cimentó los orígenes en Adorno y pasó, en una tercera parte de su exposición, a recordarnos el peligro que acecha a la investigación musical debido a los recortes en la misma base de la educación. Poco antes, la gran marea verde caminaba por delante de nosotros en el Paseo del Prado.

Asimismo, también se apuntó las carencias de la crítica, una tarea asumida en cierta forma por los programadores, que tampoco son gentes especialmente doctas, en muchos casos son conocedores musicales que tienen, como el mismo Costa, un programa de radio.

El debate se expande cuando un ahora después suben al estrado Javier Piñango, Miguel Álvarez-Fernández y Oriol Rosell, acompañando a Costa. Piñango, que ejercerá de moderador, pone sobre la mesa el disco editado por la netlabel de Edu Comelles Audioatalaia titulado Desde la Atalaia, la referencia 50 de su sello compuesta por cuatro discos recopilatorios del panorama experimental actual en España. Para Javier, ese puede ser un punto de partida del Experimental hoy.

Oriol no está de acuerdo con ese disco como ejemplo exacto de lo que está ocurriendo en España y lo ve, quizá, demasiado centrado en algunos estilos, como el de las field recordings, a pesar de que él mismo aporte un tema al recopilatorio. Por otro lado, y en el ring de las definiciones, Rosell, a quien veremos en concierto este viernes con L’Eix, apuesta por “músicas raras” porque prefiere ir a lo simple. Simple, pero en realidad no tanto, porque define raro como culauiqer discurso extraño al de la tradición. Lo cual conduce a la mesa a un debate sobre si sigue siendo experimental aquello que se hace bajo el formalismo de lo experimental. Experimentar debería ser no conocer lo que viene a continuación y, en muchos casos supuestamente titulados experimentales sí lo sabemos.

Miguel Álvarez-Fernández aunque es academicista, es también un apasionado crítico y en la recta final del debate culpa a la “izquierda descafeinada y sus industrias culturales” de no haber sabido apostar por discursos ideológicos verdaderamente radicales. Aunque no lo dijo en ese momento (pero luego sí en el bar) estaba realizando una crítica a la llamada Cultura de la Transición. La CT tiene la culpa de que la ideología se escriba en los anuncios de Coca-Cola (el ejemplo es de Miguel) y no en nuestras apuestas culturales.

Si queréis más detalles comprimidos en 140 caracteres sobre el desarrollo del debate, los tenéis bajo la etiqueta #arteoido de Twitter en los tuits del 22 de mayo o en la cuenta @experimentaclub.

Para terminar, un repaso al álbum de fotos del día, que lo tenéis colgado en Flickr y bajo CC, al igual que este blog y nuestros vídeos:

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mayo 23rd, 2012 at 11:53 am

El punto de vista experimental

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Todos los artistas que participan en Arte Oído tienen, al menos, una única cosa en común: piensan desde un lugar incómodo. Su punto de vista no es el común, sino que es el punto de vista experimental, aquel donde los resultados son imprevisibles.

Nuestra misión mientras transcurre el festival es acercaros desde sus propias voces cómo es ese lugar no convencional y porqué están en él. Cuando le hicimos esta pregunta al sevillano David J Fonseca, unas horas antes de su concierto, nos adelantó que no iba a poder explicarlo porque él hace lo que le sale. Cuando llegó su hora, atornilló frecuencias electrónicas a nuestros oídos dejándonos en un estado díficil de distinguir entre lo doloroso y lo placentero.

Todos los músicos están contestando a la misma pregunta, formulada con unas palabras u otras, pero con el mismo objetivo: tracemos una panorámica de todas las músicas experimentales para que nos sirva de aproximación a esos escurridizos márgenes.

Hasta ahora, Vicki Bennett, Nad Spiro, Philip Jeck y el mencionado Fonseca han puesto sus piezas en el puzzle. Os las vamos a ir presentando desde ya y desde aquí (excepto Nad Spiro).

Written by Elenac

mayo 22nd, 2012 at 6:29 pm

El horror de Vicki Bennett

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“Espero que os gusten las películas de terror”, fue lo que dijo Vicki Bennett a una platea oscura, levemente iluminada, en el auditorio de CaixaForum donde se celebran los conciertos de Arte Oído.

A mí no me gustan. He vivido mi adolescencia escapando de ellas. Hasta el día 18 de mayo, en el que Vicki Bennett las empaquetó, las exacerbó, las reventó y nos inoculó todos los terrores de la cultura occidental comprimidos en su espectáculo The Magical Misery Tour; como en los Beatles pero en aguafiestas.

Al día siguiente supe que a ella tampoco le gustan estas películas, lo que resulta aún más estremecedor, ya que la encantadora londinense se ha desmarcado como una genio del terror al combinar soleadas y optimistas canciones de los 60 y los 70 con su muestrario de las cosas que más miedo nos dan, recopiladas de tal manera que demuestra que lo atávico se reduce a cuatro o cinco cosas: la muerte violenta, la magia, la locura y los sueños que, mediante lo sobrenatural, se convierten en realidad.

La gran pantalla mandaba en el escenario. Como suele ser habitual en los shows de People Like Us, Vicki Bennett se aparta del centro y se coloca a un costado de la escena. La primera imagen que nos saluda es la advertencia “Sleep, those little slices of death, how I loath them” dudosamente atribuida a Edgar Alan Poe en la película Pesadilla en Elm Street 3, de cuyos pedazos alimenta Bennett la pesadilla de la otra noche.

Las aterradoras consecuencias de la brujería en la Mia Farrow de La semilla del diablo remontadas junto a la setentera canción It’s magic de Pilot provoca una inquietud menos cinematográfica y más cotidiana que la estremecedora nana de la película cantada por la actriz. Si contraponemos el esoterismo más chungo a La bruja novata de Angela Lansbury, entonces ya no sabemos qué pensar, pero seguimos sintiendo miedo. Ese contraste nos lleva al lugar que busca Vicki Bennett: un sitio donde no podemos sentirnos confortables ni siquiera cuando el entorno es confortable.

Uno de los bloques se ensañaba en la histeria y estaba tan bañado en sangre y mujeres que era difícil no hilarlo con el misterio menstrual y sus legendarias relaciones con la locura. Durante el cóctel molotov de People Like Us pensé ¿de qué tienen miedo las mujeres?, pero no era una pregunta retórica sino real, ¿qué cosas nos dan verdadero miedo? Creo que The Magical Misery Tour responde también a esa pregunta, sin ser la única.

Los niños como portadores de lo extraño en algo que podría ser El pueblo de los malditos (puede que me equivoque). Las comunidades anejanadas e incontrolables como en la adoración pagana de El hombre de paja. Espiar con temor a ser descubierto. Jack Nicholson. Bennett dice que su aproximación a la historia de la cultura popular es a través de la música y no del cine, que su mala memoria y su carencias, por llamarlas exageradamente así, le hacen acudir primero a las canciones y después a las imágenes. Y por eso su lenguaje funciona biunívocamente: las imágenes transforman la música y hasta una canción de Chicago nos pone los pelos de punta.

Written by Elenac

mayo 21st, 2012 at 12:11 am