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Músicas experimentales, arte sonoro y un poco de punk





Archive for the ‘Crónica’ Category

Luz y taquígrafos

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Tres horas y media tardó Martin Brandlmayr en montar su despliegue de instrumentos de percusión y probar sonido. Aquí le vemos probando el vibráfono, a su mano derecha. Como suele suceder, venía sin instrucciones de montaje y los técnicos se dedicaron a resolver el puzzle hasta que no sobró ninguna pieza.

Relajado, tranquilo, confiado, el austriaco probó sonido. Todo iba bien. Es un hombre reflexivo que inspira confianza. Amable, abierto y jovial detrás del escenario. Sobre la escena se le ve muy serio, como si su cerebro fuera un gran computador que tuviera que manejar varios procesos a la vez y fuera siempre unos segundos por delante de lo que va venir. Después de la prueba le preguntamos por la experimentación.

Martin contestó, fuera de cámara, que no podía afirmar que su música fuera experimental si nos atenemos a la definición de este como la imposibilidad de predicción del sonido que viene después. Él, en cambio, sabe perfectamente lo que viene después. Silvia Jaunsolo estaba presente. Por la mañana había asistido a una conferencia de Martin en la Facultad de Bellas Artes de la Complutense. Ella le recordó que en la mañana él había confesado que a veces según cómo fricciones los instrumentos de percusión, pueden sorprenderte con algo inesperado. Él dijo “tienes razón”, luego podemos hablar de experimentación bajo esa premisa.

El concierto del batería de Radian entusiasmó al público. Cada ruido o vibración que se producía a su alrededor parecía formar parte de una sinfonía que se construía a sí misma. Todo parecía tener cierto sentido, aunque no fuera explicable. Un tambor alejado de su batería permanecía solo, aparentemente abandonado pero iluminado por una luz cenital. Hasta eso tenía su explicación al encender las luces y descubrir un cable que acababa en un micrófono que seguramente amplificaba la vibración de un instrumento golpeado únicamente por el sonido.

Un recorrido fotográfico por el día de ayer en Arte Oído con la cámara de Céline Gesret:

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mayo 26th, 2012 at 1:49 pm

Luz y volumen

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Las pruebas de sonido ayer fueron todo un reto, especialmente para los técnicos de CaixaForum. Un saludo desde aquí. Ayer sudaron. Mientras los miembros del grupo L’Eix se volvían locos intentando encontrar qué imperceptible error estaba creando un zumbido, uno de los técnicos comentaba “nosotros es que estamos más acostumbrados a sonorizar congresos aquí”. Y esto no solo era un concierto, sino un concierto muy raro. Pero lo hicieron genial.

Oriol Rosell durante la prueba de sonido de L'Eix

L'Eix en concierto

Unas lámparas de doble bombilla con las que tu padre iluminaría un garaje en los años setenta colgaban de unos pies al frente del escenario. Oriol Rosell, componente del trío, explicaba después que eran bombillas analógicas, las más simples, las que ya no se hacen ni se encuentran. Un resquicio de otro mundo instalado en un sistema muy de este. Su compañero Julià Carboneras programa un software que enlaza los volúmenes de las pistas de todo lo que se toca en el escenario con la intensidad de la luz de las bombillas. Si Ferran Fages punteaba su guitarra sutilmente, veíamos una cálida luz en las lámparas de los extremos. Si rasgaba con intensidad, el sistema nos cegaba. Y lo mismo ocurría con las preciosas texturas electrónicas que Oriol y Julià disparaban desde sus portátiles.

L'Eix en concierto

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mayo 26th, 2012 at 1:09 pm

Philip Jeck: “Comencé mi carrera pinchando pero los discos que quería usar no eran los de baile”

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El padre de Philip Jeck era polaco y arreglaba tejados. Cuando Jeck comenzó a interesarse por la música su padre le dijo muy bien, pero tú aprende a arreglar tejados. Ahora, cuando alguien de la familia tiene algún problema de albañilería, llaman a Philip.

Pero lo que verdaderamente ama es la música. Comenzó a pinchar en los dos últimos años de la década de los 70, arrebatado por los djs de la época en Nueva York. Años después se dio cuenta de que quería usar los tocadiscos de una manera diferente a la que le permitía el formato club. Pero desde aquel primer momento nunca se ha alejado de los platos.

Y ahora estamos en mayo del año 2012 y este hombre “clase obrera pero de una ciudad muy pija como Cambridge”, nos cuenta, coloca una mesa en el escenario de Arte Oído con dos tocadiscos antiguos, un teclado en el centro y muchos cables y pedales. Las tapas de los tocadiscos están levantadas y hay algo en ellos que les hace parecer vivos.

Philip le cuenta a Nicolas Jackson, que le entrevista un rato antes de su concierto para su programa en Radio Exterior de RNE, que no sabe qué discos va a usar esa noche, que nunca lo sabe. Será los que sienta que quiere poner. En eso, Jeck sigue siendo muy dj. Y lo que le salió fue acabar su concierto usando I Feel Love, de Gorgio Moroder para Donna Summer, probablemente uno de los momentos más comentados del festival. Philip se levantó, miró a los focos, movió la mano y dijo “good bye, Donna”.

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mayo 24th, 2012 at 3:55 pm

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David J Fonseca: “No sé si tiene nombre el tipo de música que hago y además me da igual”

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mayo 23rd, 2012 at 3:57 pm

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Conferencia y coloquio para debatir pasados, presentes y futuros de la música experimental

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Ayer fue jornada de reflexión. En el Aula 1 de CaixaForum Madrid, donde unas horas antes Ferran Fages se había encerrado con sus alumnos del taller para investigar sobre la improvisación sonora, abrimos las puertas para verbalizar esas ideas que sobrevuelan este festival.

Unos minutos pasadas las siete de la tarde José Manuel Costa, periodista (dirigió la primera sección de Culturas del diario Público y tiene un programa en Radio Nacional del que ya os hemos hablado, Vía Límite), musicólogo y programador, imaginamos que entre otras muchas cosas del activismo sónico. Su conferencia se titulaba “Pasado y presente de la música experimental”, nada menos. Algo que, como contó que alguien le dijo, daba para cien horas lectivas y que, en cambio, debía resumir en una hora.

Como tal cosa era imposible, Costa nos habló de nomenclaturas para situar el marco de esto que nos ha traido hasta aquí. Qué es y qué no es experimental. Porqué lo llamamos de una manera o de otra. La conclusión de Costa es muy curiosa y lo explica también en el siguiente vídeo: ¿que el director de un centro de arte quiere hacer una programación de experimentación musical pero no le encaja si lo llamamos música? Pues no se preocupen, lo llamamos arte sonoro y listos. ¿Que en Alemania llaman música electrónica a algo que no está hecho con instrumentos electrónicos? ¡No pasa nada si con ese reclamo se llaga a un público mayor!

Dijo el divulgador que a él le gusta acudir, lo primero de todo, a la RAE:

3. adj. Que tiende a la búsqueda de nuevas formas estéticas y de técnicas expresivas renovadoras. Música experimental. Apl. a pers., u. t. c. s.

Esa es la definición de “experimental” que nos ofrece el Diccionario de la Academia, que consta de la curiosidad de aportar “música experimental” como ejemplo de uso. El problema es que, así lo definió él, ese ejemplo es un teaser sin película. El DRAE nos dice que tal cosa como la “Música experimental” existe, pero no nos la define.

Para José Manuel, así como para otros presentes en la sala, como Juan Antonio Lleó, es claro que lo experimental no es un género sino “una actitud”. Y, en contra de muchos, no puede ser un movimiento pasado ni presente puesto que es expansivo en el tiempo y en el espacio. No puede ser un género porque es transversal. No puede ser un estilo porque comprende muchos estilos.

Tras dejar claro que es imposible acotar las definiciones, el ponente cimentó los orígenes en Adorno y pasó, en una tercera parte de su exposición, a recordarnos el peligro que acecha a la investigación musical debido a los recortes en la misma base de la educación. Poco antes, la gran marea verde caminaba por delante de nosotros en el Paseo del Prado.

Asimismo, también se apuntó las carencias de la crítica, una tarea asumida en cierta forma por los programadores, que tampoco son gentes especialmente doctas, en muchos casos son conocedores musicales que tienen, como el mismo Costa, un programa de radio.

El debate se expande cuando un ahora después suben al estrado Javier Piñango, Miguel Álvarez-Fernández y Oriol Rosell, acompañando a Costa. Piñango, que ejercerá de moderador, pone sobre la mesa el disco editado por la netlabel de Edu Comelles Audioatalaia titulado Desde la Atalaia, la referencia 50 de su sello compuesta por cuatro discos recopilatorios del panorama experimental actual en España. Para Javier, ese puede ser un punto de partida del Experimental hoy.

Oriol no está de acuerdo con ese disco como ejemplo exacto de lo que está ocurriendo en España y lo ve, quizá, demasiado centrado en algunos estilos, como el de las field recordings, a pesar de que él mismo aporte un tema al recopilatorio. Por otro lado, y en el ring de las definiciones, Rosell, a quien veremos en concierto este viernes con L’Eix, apuesta por “músicas raras” porque prefiere ir a lo simple. Simple, pero en realidad no tanto, porque define raro como culauiqer discurso extraño al de la tradición. Lo cual conduce a la mesa a un debate sobre si sigue siendo experimental aquello que se hace bajo el formalismo de lo experimental. Experimentar debería ser no conocer lo que viene a continuación y, en muchos casos supuestamente titulados experimentales sí lo sabemos.

Miguel Álvarez-Fernández aunque es academicista, es también un apasionado crítico y en la recta final del debate culpa a la “izquierda descafeinada y sus industrias culturales” de no haber sabido apostar por discursos ideológicos verdaderamente radicales. Aunque no lo dijo en ese momento (pero luego sí en el bar) estaba realizando una crítica a la llamada Cultura de la Transición. La CT tiene la culpa de que la ideología se escriba en los anuncios de Coca-Cola (el ejemplo es de Miguel) y no en nuestras apuestas culturales.

Si queréis más detalles comprimidos en 140 caracteres sobre el desarrollo del debate, los tenéis bajo la etiqueta #arteoido de Twitter en los tuits del 22 de mayo o en la cuenta @experimentaclub.

Para terminar, un repaso al álbum de fotos del día, que lo tenéis colgado en Flickr y bajo CC, al igual que este blog y nuestros vídeos:

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mayo 23rd, 2012 at 11:53 am

El punto de vista experimental

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Todos los artistas que participan en Arte Oído tienen, al menos, una única cosa en común: piensan desde un lugar incómodo. Su punto de vista no es el común, sino que es el punto de vista experimental, aquel donde los resultados son imprevisibles.

Nuestra misión mientras transcurre el festival es acercaros desde sus propias voces cómo es ese lugar no convencional y porqué están en él. Cuando le hicimos esta pregunta al sevillano David J Fonseca, unas horas antes de su concierto, nos adelantó que no iba a poder explicarlo porque él hace lo que le sale. Cuando llegó su hora, atornilló frecuencias electrónicas a nuestros oídos dejándonos en un estado díficil de distinguir entre lo doloroso y lo placentero.

Todos los músicos están contestando a la misma pregunta, formulada con unas palabras u otras, pero con el mismo objetivo: tracemos una panorámica de todas las músicas experimentales para que nos sirva de aproximación a esos escurridizos márgenes.

Hasta ahora, Vicki Bennett, Nad Spiro, Philip Jeck y el mencionado Fonseca han puesto sus piezas en el puzzle. Os las vamos a ir presentando desde ya y desde aquí (excepto Nad Spiro).

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mayo 22nd, 2012 at 6:29 pm

El horror de Vicki Bennett

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“Espero que os gusten las películas de terror”, fue lo que dijo Vicki Bennett a una platea oscura, levemente iluminada, en el auditorio de CaixaForum donde se celebran los conciertos de Arte Oído.

A mí no me gustan. He vivido mi adolescencia escapando de ellas. Hasta el día 18 de mayo, en el que Vicki Bennett las empaquetó, las exacerbó, las reventó y nos inoculó todos los terrores de la cultura occidental comprimidos en su espectáculo The Magical Misery Tour; como en los Beatles pero en aguafiestas.

Al día siguiente supe que a ella tampoco le gustan estas películas, lo que resulta aún más estremecedor, ya que la encantadora londinense se ha desmarcado como una genio del terror al combinar soleadas y optimistas canciones de los 60 y los 70 con su muestrario de las cosas que más miedo nos dan, recopiladas de tal manera que demuestra que lo atávico se reduce a cuatro o cinco cosas: la muerte violenta, la magia, la locura y los sueños que, mediante lo sobrenatural, se convierten en realidad.

La gran pantalla mandaba en el escenario. Como suele ser habitual en los shows de People Like Us, Vicki Bennett se aparta del centro y se coloca a un costado de la escena. La primera imagen que nos saluda es la advertencia “Sleep, those little slices of death, how I loath them” dudosamente atribuida a Edgar Alan Poe en la película Pesadilla en Elm Street 3, de cuyos pedazos alimenta Bennett la pesadilla de la otra noche.

Las aterradoras consecuencias de la brujería en la Mia Farrow de La semilla del diablo remontadas junto a la setentera canción It’s magic de Pilot provoca una inquietud menos cinematográfica y más cotidiana que la estremecedora nana de la película cantada por la actriz. Si contraponemos el esoterismo más chungo a La bruja novata de Angela Lansbury, entonces ya no sabemos qué pensar, pero seguimos sintiendo miedo. Ese contraste nos lleva al lugar que busca Vicki Bennett: un sitio donde no podemos sentirnos confortables ni siquiera cuando el entorno es confortable.

Uno de los bloques se ensañaba en la histeria y estaba tan bañado en sangre y mujeres que era difícil no hilarlo con el misterio menstrual y sus legendarias relaciones con la locura. Durante el cóctel molotov de People Like Us pensé ¿de qué tienen miedo las mujeres?, pero no era una pregunta retórica sino real, ¿qué cosas nos dan verdadero miedo? Creo que The Magical Misery Tour responde también a esa pregunta, sin ser la única.

Los niños como portadores de lo extraño en algo que podría ser El pueblo de los malditos (puede que me equivoque). Las comunidades anejanadas e incontrolables como en la adoración pagana de El hombre de paja. Espiar con temor a ser descubierto. Jack Nicholson. Bennett dice que su aproximación a la historia de la cultura popular es a través de la música y no del cine, que su mala memoria y su carencias, por llamarlas exageradamente así, le hacen acudir primero a las canciones y después a las imágenes. Y por eso su lenguaje funciona biunívocamente: las imágenes transforman la música y hasta una canción de Chicago nos pone los pelos de punta.

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mayo 21st, 2012 at 12:11 am

Sonrisas grandemente

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Ghédalia Tazartès prefiere que no le grabemos en la prueba de sonido: “yo en las pruebas no toco, llámalo religioso o supersticioso, pero no soy capaz de prever lo que voy a hacer”, nos explica a Miguel y a mí, que le rogamos que al menos nos cuente esto mismo delante de la cámara. El francés accede. A cámara nos dice que no hace música experimental sino soul y rock’n'roll. Ríe grandemente.

Tarek Atoui nos hace una previa de su espectáculo en la prueba de sonido. Sus aparatos son los más curiosos de todo lo visto, hasta ahora -sábado 22:38 de la noche- en el festival. Los fabrica él mismo. Antes de la entrevista nos dice que quiere fumar, y nosotros le seguimos. Sí, vayamos a fumar. Una vez fuera nos ofrece de su cajetilla. Ah, no, es que nosotros no fumamos, era una excusa para hablar y tomar un poco el sol. Se ríe, grandemente. Tarek Atoui es un Adriano Celentano del Líbano. Sobre el escenario es un epiléptico Spider-man. Lo primero que hago es ingeniármelas para preguntarle por Corea del Norte, donde he sabido que había estado, incomunicado, como es natural en Corea del Norte, por varios días. Allí le prohibieron hablar con los ciudadanos norcoreanos. Escuchó las canciones orquestales propagandísticas del régimen. De ahí se fue a China. Atoui no tiene casa. Es un nómada durante los últimos seis años.

Cacé al ingeniero de sonido de Seefeel, a los que escucho ahora mismo en el Patio, desde mi posición privilegiada. Cuando estoy escribiendo aquí, en el terreno, me siento como un comentarista deportivo a pie de campo. Seefeel chuta y la pelota se va al segundo palo. Decía que cacé a su técnico y le bombardeé a preguntas sobre cómo hace uno cuando es el técnico personal de Seefeel. En realidad, lo es desde este último año. Además, él vive en Inglaterra, mientras que el grupo, si lo he entendido bien, vive en Nueva York. Está emocionado de ser el ingeniero de Seefeel, grupo del que es fan y ya tenía todos sus discos mucho antes de que esta oportunidad se presentara.

Hoy he echado de menos a Peter Kember/Sonic Boom en los camerinos. Nadie jugaba con nada, que yo haya visto. E-Da, el batería de Seefeel, llega preocupado a la sala de catering en busca de un café. “Demasiadas cervezas esta tarde”, dice en su inglés de acento japonés. No obstante, y después del café -frío- tres minutos antes de salir al escenario baja corriendo a por otra cerveza. Y se va corriendo. Sonríe grandemente.

A mí la prueba de sonido de Seefeel me gustó más que el concierto. Quizás es este proyecto en el que nos hemos metido que ha invertido la importancia de las cosas: he visto más pruebas que conciertos, me he divertido más en las pruebas que en los conciertos. Seefeel da las gracias y pide disculpas. El público aplaude grandemente. El concierto ha terminado antes de lo previsto por culpa del Protools del que hablábamos antes.

El programa se les colgó y no pudieron seguir adelante. En camerinos, estaban apesadumbrados. Pidieron disculpas. Aseguraron que la culpa era suya propia. Maldito Protools. Necesitaron un programa que sustituyera al bajista, Scotch Egg, malherido y ausente, pero el software se encabronó y funcionó peor que  un músico con la mano rota.

Written by Elenac

octubre 2nd, 2010 at 10:48 pm

Otra bomba sónica

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El Peter Kember que he conocido hoy no se parece al Peter Kember de la foto del programa de mano del festival. Tampoco se parece al Peter Kember que conocí hace nueve años en el Tanned Tin de Santander. Hoy fuimos a buscarle al comienzo de su prueba de sonido en el Auditorio. Sobre el escenario había un hombre y una mujer. “No está”, dije. “Claro que sí, es él”, me dijo Claudia Ortiz, encargada de prensa. Yo le dije no, no, no, yo le conozco y no es él.

Sí era él.

Peter Kember en la prueba de sonido. Foto de Miguel Fernández Flores.

Su aspecto era el de un hombre no 9 años más viejo sino 9 años más joven. Me fijé en su cara: no estaba demacrado, las mejillas no estaban hundidas, su constitución era diferente, y ya no me daba miedo (aquella vez, en 2001, sí).

Lo veréis mañana en el vídeo: la prueba de sonido, como conté en Twitter, fue larguísima y problemática. Había un sonido que no le gustaba. Para colmo, al inicio del concierto, una especie de theremin dejó de funcionar, y regresó tras propinarle algunos golpes. La actuación fue espacial, tenebrosa cuando entraba la voz y, la verdad, bonita.

E.A.R. durante el concierto. Foto de Miguel Fernández Flores. Haz clic para ver el resto de fotos de E.A.R.

Después del concierto, Peter regresó a los camerinos, donde se encontró con un juguete sonoro -”es como si a un niño le das un globo”, me dijo- que La Casa Encendida había realizado junto a un libro de Arte Sonoro. El artefacto tenía un sensor de movimiento que hacía sonar una secuencia de ruiditos de unos 20 segundos. Sonic Boom pasó media hora jugando con la cajita. Moviéndola por el aire. Golpeándola contra la mesa del catering. Metiéndola dentro de una jarra para escuchar a qué sonaba al rodearla de cristal, estampándola entre su palmada. Peter se divertía y nos divertía. Los tres o cuatro que estábamos allí (una porque le tocaba, otra porque le cuidaba, otro porque descansaba y yo porque quería meter mis narices en este asunto) le mirábamos con curiosidad. Divertidos.

Cansados del juguete, ya roto, le dije a Peter Kember que no era el Peter Kember que conocí hace 9 años. “Claro, entonces era un drogadicto”, admitió sin reservas. Le recordé algunos episodios que prefiero no divulgar aquí. Se rió. “Pasé 15 años dormido”. Peter coge un vaso de zumo que guarda, con un plástico, sobre una estantería y bebe mientras habla de la memoria. “Hay tantas cosas que no recuerdo” y me explica que le cuesta recordar una cara si la ve en un lugar diferente, su memoria “no encaja las piezas”. Habla de la heroína con tanta naturalidad que me siento cohibida. “Consumía heroína constantemente sólo para vivir, no para sentir”. Y, de la heroína, pasó a los sueños. Le interesa manejar, me explicó, todo lo que ocurre en sus sueños porque es el terreno en el que más creativo es. Le pregunté si es que acaso lo que soñaba lo usaba luego en su música. Pero no me contestó a eso. Como no me contestó muchas otras preguntas.

“Yo no me siento 9 años más joven”. Pero lo pareces, le insistí. “Definitivamente, no por dentro”.

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octubre 2nd, 2010 at 1:44 am

La ‘launchera’ metálica de Hello Kitty

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Escucho el directo de Carlos Giffoni, que sacude los muros del Patio de La Casa Encendida a las 21:57 de la noche, que es ahora mismo, del primer día de conciertos de Experimentaclub’10.

Tan sólo un rato antes de salir al escenario grabamos con él un vídeo -mañana lo veréis- en el que nos muestra una launchera de metal, de Hello Kitty, que guarda varias monedas. Escondido bajo la caja, un micrófono. ¿Sois capaces de  distinguir ese sonido en su concierto?

En este vídeo la muestra:

Después, estuve conversado con él en el backstage sobre el tema de la memoria, que es el eje central de esta edición del festival. Buscamos argumentos para el debate de mañana, en el que expondremos diferentes líneas de reflexión, junto a Javier Piñango y Oriol Rossell. Hemos hablado sobre el regreso a los instrumentos analógicos. al respecto, Giffoni me ha dicho que siendo tan propio de la cultura de las tres últimas décadas el avance tecnológico, saltamos de una generación a otra de aparatos sin explotar todas sus posibilidades. Es probable que hayamos llegado a un momento en el que necesitamos volver a estados tecnológicos no explotados y seguir exprimiendo sus posibilidades.

¿Y qué me decís de la fiebre de los emuladores? Pero, ¡ah!, dejemos todo esto para mañana, que es el día del coloquio, y no nos precipitemos.

Carlos Giffoni mientras nos explica sobre sus aparatos. Foto: Miguel Fernández Flores.

Desde aquí, puedo escuchar claramente el avance del concierto de Giffoni, que gira repetitivo sobre una espiral cambiante. Es hipnótico, creciente. “No llevo ningún software musical en mi ordenador”, me confesó antes de salir a escena. “Sólo uno muy sencillo para editar, pero sin efectos”. Así que lo que estamos escuchando ahora es síntesis analógica, hermosa, cambiante, imprecisa.

Written by Elenac

octubre 1st, 2010 at 10:00 pm